PENÚLTIMA FASE DE LA CRISIS: EL HAMBRE.

18 de Marzo, 2009 . CiberEnsayos.com. Por Germán Galeano Penis.

pobreza-problemas-sociales-59181Se habla y escribe mucho de la crisis económica que atenaza al mundo en estos días, ya aciagos para muchas personas. Los mejores expertos en economía, tras prevenir largamente a los políticos de la dureza de la crisis que se avecinaba y aconsejar, en consecuencia, sensatos y oportunos remedios para frenarla, se muestran, finalmente, confusos sobre el alcance y duración de la misma. A su vez, todo un nutrido grupo de políticos, exultantes de egolatría, discursean falsarios y prepotentes, sobre el drama, un drama que ellos mismos han ocasionado.

Mientras tanto, millones de trabajadores van al paro en el mundo entero, especialmente en España, con una tasa de desempleo que se aproxima peligrosamente al borde del colapso, integrada, además, por un elevado contingente de inmigrantes sin arraigo, sin vinculación a persona o cosa en el suelo hispánico. Situación que no puede obviarse con vanos discursos políticos y con medidas millonarias cuya efectividad no acaba de notarse, pues, lejos de mejorar la crisis, la empeoran vaciando peligrosamente las arcas del estado.

Se dice que más sabe el diablo por viejo que por diablo, es decir, que conviene tener en cuenta la experiencia personal si se tuviere, y, más allá de ésta, la experiencia histórica a la hora de enfrentarse a cualquier situación social importante, especialmente si se trata de una grave e indefinida crisis económica con paro masivo y hambre…

Tales fenómenos sociales, desempleo masivamente creciente y hambre, representan dos claros factores de alto riesgo de convulsión social, que se agravan muy seriamente cuando van unidos a un enorme déficit en las cuentas del estado y a una clase política mayoritariamente instalada en el olimpo del despilfarro y la desfachatez, como viene ocurriendo, al menos, aquí en España. Situación que realmente recuerda (teniendo presentes, naturalmente, las debidas salvedades), los prolegómenos inmediatos de la Revolución Francesa y que se aproxima esencialmente a la Revolución Rusa (la de 1.905 fue solo el ensayo general de la de 1.917).

Teniendo en cuenta esta realidad histórica, cabría esperar que, si la crisis sigue su avance desolador, forzosamente habremos de llegar a su clímax, y entonces algo cambiará de manera trascendente en todo o en parte de la estructura básica del estado: en lo político, en lo económico, en lo judicial…

No se pierda de vista, en tal sentido, que se trata de una crisis de ámbito mundial, de evolución creciente e imparable hasta ahora, y de diagnóstico grave; todo ello bajo esa eterna fatalidad enigmática, bajo ese hado irresistible que viene a romper históricamente situaciones decadentes del poder establecido.

Así las cosas, sería deseable que, para el bien de todos, especialmente de políticos y banqueros como responsables de la crisis, el hambre incipiente no se haga peligrosamente colectiva hasta el punto de provocar el inicio de un nuevo ciclo social, coincidente esta vez con este III Milenio, que acaba de empezar.

Y si, inevitablemente, ha de ser así, que sea una transición pacífica y no jacobina; pero que limpie a fondo los lodos de la perversa corrupción política, e instale para siempre la auténtica democracia montesquieuana y participativa, adaptándola, de paso, a la mentalidad de los nuevos tiempos, y desarrollándola en la forma y medida que el sentido común y las modernas tecnologías lo permitan.

Autobuses ateos

10 de Febrero, 2009 . CiberEnsayos.com. Por Germán Galeano Penis.

autobuses-ateosEn las ciudades más importantes de diferentes países, se vine realizando una insólita campaña publicitaria orientada nada menos que a negar la existencia de Dios. Los patrocinadores de semejante empeño han elegido el exterior de los autobuses urbanos como soporte físico de su lema, que dice así: ‘PROBABLEMENTE DIOS NO EXISTE, DEJA DE PREOCUPARTE Y DISFRUTA DE LA VIDA’.

Desde una elemental perspectiva del empirismo filosófico o del sistema económico mercantilista o, simplemente, del sentido común resulta un reclamo publicitario de muy dudosa índole, ya que por su propia naturaleza ni siquiera cabría la posibilidad, obviamente, de atribuirlo a una acción proselitista, más o menos razonable, de un credo establecido.

De manera que si tal eslogan no tiene finalidad mercantil, política ni religiosa, ¿deberá su existencia, acaso, a esa extraña beatería de quienes, siendo ateos, no pueden olvidarse de Dios, aunque sólo sea para negarlo? Es más: bien mirado se diría que tiene la característica ofensiva de una de esas pintadas grafiteras que perfilan el síndrome del amor frustrado: ‘Odio a Pepita. El que se arrime a ella es tonto’.

Porque en realidad, ¿quién, en sus cabales, puede llegar a invertir su dinero, su trabajo y su tiempo en esta operación? Es más, ¿por qué y para qué lo hace? Y sobre todo, ¿con qué fundamento respecto de las preocupaciones y el disfrute de la vida de los creyentes?

Pudiera ocurrir que los patrocinadores de tal campaña anden muy mermados de sentimientos humanitarios y de agudeza social, y en su conmovedora miopía hayan llegado al extremo de percibir al ser humano postmoderno en la calamitosa situación de estar tan preocupado por la existencia de Dios que, por esta causa, se ha negado a si mismos el derecho a disfrutar de la vida. Al menos, esto es lo que parece desprenderse de la desastrosa inoportunidad de su, en el fondo, atormentada campaña contra los creyentes.

En cualquier caso, el viejo deseo de borrar el nombre de Dios de la faz de la tierra, nos salta a los ojos en estos días y horas en que el insensible materialismo lo invade todo, en que la sordidez y el mal gusto representan la cumbre del espectáculo y en que las expresiones y comportamientos más soeces y repugnantes son reídos y aplaudidos con insensata fruición por todas partes…

¿A quien va, pues, dirigido el dardo emponzoñado de esta campaña de los activistas ateos? Pues singularmente a la poca gente sencilla que ha sabido encontrar refugio, esperanza, consuelo, sosiego y fortaleza en Dios mediante su legítima vocación personal o bien a causa de la tragedia, a veces terrible, que hiere su existencia.

Hay que reconocer, sin embargo, que los ateos del autobús han dado muestras de un cierto comedimiento al introducir en la frase el adverbio PROBABLEMENTE como elemento moderador.

De tal manera que, considerada la cuestión de tejas para abajo, se podría afirmar en sentido contrario: PROBABLEMENTE Dios existe, a pesar de los horrores del mundo. Pero de tejas para arriba… ¿quién sabe? Puede que exista el Universo, la Eternidad… y, detrás de todo ello, Dios, o, mejor, el Creador o Supremo Hacedor.

Lo que ocurre con evidente certeza es que, si en esta materia tan elevada e infinita, nuestra pobre mente humana no da para más, tampoco es para que nadie se pase la vida negando insidiosamente la existencia de Dios, y que lo hagan precisamente ante aquellos que creen en ella benigna y pacíficamente, sea cual fuere su credo, especialmente si se dedican a practicar la caridad en virtud de su fe. Atacar sobre todo esta fe humanitaria es, más que una insidia, una brutalidad propia de la energumenia más radical e intolerante.

Que cada cual (teístas, deístas, agnósticos, ateos…) viva la vida como crea conveniente dentro, naturalmente, de unos límites morales y sociales razonables; pero seamos civilizados y dejémonos en paz unos a otros.

Obama: toma primera

28 de Enero, 2009 . CiberEnsayos.com. Por Germán Galeano Penis.

obama-toma-primeraEl pueblo de los EE UU de América tiene la innata cualidad cinematográfica de la puesta en escena. Es algo que se evidencia prima facieen buena parte de su ingente producción cinematográfica, y, también, de manera muy notable, en los actos más solemnes e importantes de la vida real de aquel gran país, como ha sido el juramento de Barak Husein Obama.

A través de esa producción cinematográfica sin par, tanto en cantidad y variedad como en elevadas cotas de calidad, conocemos con detalle la historia de EE. UU., la idiosincrasia de su gente, el funcionamiento de su justicia, el controvertido estatus de blancos y negros, sus formidables logros individuales y colectivos, sus inconcebibles carencias sociales, la grandeza de su patriotismo, los éxitos y fracasos de sus intervenciones militares internacionales y los entresijos de su política interna, no menos detestable que la de otros países…

Una política interna en la que, al parecer, no faltan los grupos de presión con finalidad no siempre lícita, aspecto éste admirablemente ilustrado en la película ‘Caballero sin espada’, de Frank Capra, en la que su protagonista, James Stewart, interpretaba a un joven y honrado político que se enfrenta en solitario a la corrupción de un poderoso lobby dentro del propio Congreso de los EE. UU.

Ahora se trata de la puesta en escena de un acto de la máxima importancia y trascendencia para el gran país americano y en buena medida para el resto del mundo. Sin embargo, la inmensa expectación que ha suscitado este acontecimiento en todas partes no se debe solamente a la jura de un nuevo presidente de los EE. UU. de América, sino a la sorprendente particularidad de que ese presidente sea de color.

Un presidente de color por primera vez en la corta historia de una nación que llegó a hacer de la esclavitud un derecho natural compatible con el Evangelio de su fundamentalismo protestante, y que hizo de la segregación de los negros –hasta hace muy pocos años– una forma consagrada de convivencia social, de intolerancia manifiesta.

De ahí, la sugestiva importancia del juramento de Obama y su admirable apoteosis planetaria; de ahí su llegada mesiánica a la Casa Blanca en medio de anhelantes hosannas de gloria y esperanza; de ahí las brillantes peculiaridades de su grandiosa puesta en escena, inspirada siempre en el efectismo del séptimo arte.

¡Silencio, se rueda!’ –faltó que gritara, ante la expectación del mundo entero, el singular maestro de ceremonias–.

Sobre un hipotético plató en forma de reducido estrado circular, despejado y muy visible para la ingente muchedumbre de presentes y televidentes de todos los países, se inicia la gran secuencia de la jura.

Comparecen -como en un juicio- el señor y la señora Obama y sus dos hijas de corta edad, ante el presidente del Tribunal Supremo solemnemente revestido de toga e investido con el poder que le confiere el Estado para la ocasión.

Así, de pie ante el juez y apiñados codo con codo en la desamparada soledad del pequeño estrado, la señora Obama sosteniendo la Biblia cual alguacil de juzgado (según vemos en las películas), y las hijas guardando admirable compostura, se pronuncia el juramento.

La presencia de las niñas en el primer plano de un acto de tal índole, se debió, sin duda, a una cuestión efectista meramente cinematográfica, hasta el punto que la más pequeña, Sasha, de tan solo siete años, aparece en escena discretamente aupada sobre una tarima para hacerla visible sin desentonar, tal y como se hacia en los rodajes con los actores bajitos, como Alan Ladd y James Cagney, por ejemplo.

Fuera de plató, en un momento determinado, suena una notable melodía, digna de una gran producción cinematográfica, pues no en balde había sido compuesta, exclusivamente para este acto, por John Villiams, autor de bandas sonoras inolvidables como La Guerra de las Galaxias, Superman, Indiana Jones, Harri Potter, Tiburón,entre otras.

En otro momento, entra en escena la reina de la música popular negra (el soul), Aretha Franklin, para entonar una canción que emociona profundamente a la gran muchedumbre, mayoritariamente de color, que aborrota las proximidades del Capitolio, ante el que se celebra el juramento.

Por lo demás, existen en el guión real, no de ficción, de este acontecimiento nexos cruciales de la intrahistoria americana, verdaderamente llamativos, como la utilización de la Biblia del juramento de Lincoln, el Abolicionista, para el juramento de Obama, el Pacificador, hombre de color, cuya honorable esposa es descendiente de los esclavos que aquel liberó.

Cabría destacar también la similitud entre el discurso en general de Obama y el particular de Lincoln en Gettysburg, en los que ambos por igual muestran su preparación intelectual, inspiran confianza y revelan su capacidad de liderazgo, virtudes, por lo demás, nada frecuentes en los políticos.

Finalmente, cuando aparezca el THE END de su mandato, esperamos de corazón que Obama haya completado felizmente la gran reparación humana que inició Lincoln, y que brille su nombre, con luz propia, como hombre de paz y progreso en el concierto de las naciones de todo el mundo.

La balada del pueblo llano

7 de Enero, 2009 . CiberEnsayos.com. Por Germán Galeano Penis.

la-balada-del-pueblo-llanoLa gente común y humilde de una población, a la que, en su conjunto, se denomina pueblo (4ª acepción del DRAE), evoluciona poco y mal, no obstante las oportunidades de desarrollo intelectual que ofrece la vida moderna.

Esta desafortunada realidad del subdesarrollo cultural y ético de una parte predominante de nuestra sociedad se manifiesta claramente en prácticamente todas las emisoras de televisión de España y, según parece, del extranjero, en mayor o menor grado de saturación. Y es que la televisión constituye el mejor observatorio -e, incluso, laboratorio- para este tipo de cuestiones.

A este fenómeno sociológico, se le viene denominando injustamente televisión basura por su contenido educacional inadmisible, por la carencia de dignidad y recato de alguno de sus especimenes más selectos, por su excesivamente baja calidad humana rayana en la abyección en algunos, por la falta de luces naturales al sacar memeces y trapos socios  ante toda España’, por el morbo o interés malsano que las miserias ajenas despiertan en la audiencia…; en fin, una clase de televisión que, sin duda, todo el mundo conoce.

Es verdad que en algunos de estos programas populares surge, muy de vez en cuando, como una estrella errante en medio de la oscuridad, un ser humano excepcional, adornado en su sencillez de tales virtudes que admira, emociona y conforta.

Tanto las empresas mercantiles que emiten la llamada telebasura como los profesionales que, con su trabajo remunerado, la hacen posible, lejos de ser menospreciados por tal actividad como se viene haciendo, deberían ser, en nuestra opinión, admirados desde el punto de vista de la mercadotecnia, pues su actividad se orienta legítimamente a servir -y a fomentar, sí, también- una muy sólida demanda de grandes proporciones, generadora de pingües beneficios.

Por lo demás, parece claro que la emisión de este tipo de subproductos encaja de plano en lo que es propio y legítimo de una economía de mercado, ciertamente liberal en exceso, como es, sin duda, la española. Tan liberal que permite, entre otras cosas, una publicidad en la que, junto a anuncios de intachable factura y de admirable ingenio, abunda la inconveniencia y el pésimo gusto, y hasta el ultraje del engaño manifiesto, más aún: se incita a la automedicación en temas en los que pudiera ser muy recomendable la consulta médica.

De otra parte, conviene tener presente que la demanda de la telebasura no es una demanda perniciosa en sí misma como la droga, la pornografía o el juego; ni proviene de un sector minoritario de la sociedad, como el jockey sobre patines o el tiro al plato. No. Por el contrario esta clase de demanda de la televidencia es manifiestamente masiva, y aparentemente inocua.

La telebasura emana, pues, directamente, del pueblo en el que reside su esencia. Algo así como el sofisma de la soberanía nacional, pero con bastante más verosimilitud. No obstante y pese a lo especificado en el primer párrafo de ese artículo, convendría concretar que dicho fenómeno social emana más bien de las llamadas masas populares, esa inquietante realidad histórica subyacente.

Los canales de televisión, como otras muchas empresas y también los políticos no hacen otra cosa que explotar sistemáticamente tan rico e inextinguible filón, mientras los manipulados se muestran dócilmente satisfechos e incluso aplauden felices al son de su propia y eterna cadencia; una cadencia que por antigua y repetida merecería ser denominada la balada del pueblo llano.

Los Reyes Magos y Papá Noël

28 de Diciembre, 2008 . CiberEnsayos.com. Por Germán Galeano Penis.

No existe estado de ánimo más intenso y genuino que la ilusión de un niño en la mágica noche de Reyes o de Papá Noel. Dos formidables acontecimientos festivos que fundamentan su mítica grandeza en el frágil corazón de los niños y en el tierno cariño de sus mayores.

Desde el portal de Belén, los tres Reyes Magos, oscuros y pobres astrólogos de la época, han evolucionado social y económicamente por mor de la bendita fantasía infantil -legítima e inteligentemente apoyada por la gente de mostrador-hasta convertirse en majestades de gran magnificencia y suntuosidad.

Tanto y de tal manera esto es así que la tarde-noche de la víspera de Reyes se presentan los tres ante los niños, apiñados y expectantes en las aceras de sus respectivas ciudades, a lomos de exóticos camellos, unas veces; briosos caballos, otras, o acomodados en impresionantes tronos sobre fastuosas carrozas, las más. Y no vienen solos en la noche, como ocurriera ante el Niño Jesús en Belén, sino en medio de una espectacular cabalgata de pajes y ayudantes que cautiva la inocente atención de los más pequeños, cuyos ojos quedan prendidos de ellos con atónita devoción.

Por su parte, Papá Noel, a bordo de un magnífico trineo tirado por renos, procedente de las gélidas latitudes del Polo Norte, surca el firmamento bajo las estrellas, rumbo a los hogares de todos los niños del mundo para dejar en cada uno de ellos sus regalos de Navidad.

Por la misma razón que los Reyes Magos, Papá Noel también ha experimentado una espectacular transformación desde aquellos tiempos en los que no era más que el caritativo y humilde San Nicolás de Bari.

Ahora es un orondo y dicharachero hombrecillo, que ríe a carcajadas, vestido de rojo y tocado con gorro del mismo color, todo ello ribeteado de armiño blanco, y que lleva sobre el hombro su peculiar saco lleno de regalos.

Naturalmente, Papá Noel, con su trineo volador, es mucho más rápido en sus desplazamientos que los Reyes Magos en su lenta cabalgata. Por eso, Papá Noel deja sus regalos a las 00,00 horas del día de Navidad, o sea justo al principio de las vacaciones, como debe ser; y los Reyes Magos, la noche del 5 al 6 de Enero, o sea justamente al final de las vacaciones, lo cual parece poco correcto, se mire como se mire.

Para solucionar esta cuestión nada baladí, se viene optando últimamente por escribir también a Papá Noel, que, como es sabido, no suele desatender jamás la carta de ningún niño bueno.

De esta inteligente y bondadosa manera se consigue duplicar la ilusión y el gozo infantil: primero, con Papá Noel, y, después, con los Reyes Magos; una vez antes y otra prácticamente después de las vacaciones. Todo ello, para contento de los papás, y legítima satisfacción de aquella buena gente de mostrador, a que nos hemos referido.

Bendita Navidad, pues, aunque sólo sea por la ilusión de los niños. Y en aquellos hogares y territorios donde esto no es posible, que llegue muy pronto la ilusión para pequeños y mayores en cualquiera de sus formas; y, sobre todo, que les llegue la paz segura y duradera, a la que todo el mundo tiene derecho.

EL VALS DEL VAGABUNDO.

23 de Diciembre, 2008 . CiberEnsayos.com. Por Germán Galeano Penis.

Sobre las últimas hojas otoñales, cubierto por un largo y mugriento abrigo de grueso paño, las bocamangas remangadas por excesivas, los lánguidos brazos en cruz, y una oscura botella de vino en la temblorosa mano, un vagabundo, torpe e inseguro, gira valsando sin parar al ritmo de una música que sólo él parece oír en su limbo de alcohol y soledad.

Tiene, sin embargo, el vagabundo un patético halo de suprema y altiva indiferencia. El semblante hirsuto y acartonado, la mirada inexpresiva bajo un raído gorro de lana, el calzado deformado y roto…; todo en él parece evocar la pura imagen de la aniquilación personal.

La escena tuvo lugar, ayer mismo, en la cacereña Avenida de Jerusalén, de tan litúrgica recordación -Belén y Calvario, Natividad y Cruz–.
En plena actuación del vagabundo, pasa un niño de corta edad, de la mano de su abuelo. Ambos se detienen para contemplar la insólita escena. El abuelo se inclina sobre el niño absorto en la danza del extraño personaje y parece explicarle algo en el lenguaje de la infancia. Al rato, ambos se alejan sin que el pequeño deje de volver la cabeza para mirar al hombre de los harapos que baile y bebe de una botella.

De improviso, el niño levanta su manita y con instintiva tristeza, esboza su acostumbrado adiós, esta vez sin recepción ni respuesta. El abuelo menea la cabeza con pesadumbre y siente que una plegaria se le escapa del alma; una plegaria de Pasión impropia de la Navidad; pero nacida para la extraña pasión de aquel hermano que baila su propio calvario…

En la televisión de un bar próximo, los niños de San Ildefonso entonan su cantilena de premios de Navidad.

El vals del vagabundo

23 de Diciembre, 2008 . CiberEnsayos.com. Por Germán Galeano Penis.

el-vals-del-vagabundoSobre las últimas hojas otoñales, cubierto por un largo y mugriento abrigo de grueso paño, las bocamangas remangadas por excesivas, los lánguidos brazos en cruz, y una oscura botella de vino en la temblorosa mano, un vagabundo, torpe e inseguro, gira valsando sin parar al ritmo de una música que sólo él parece oír en su limbo de alcohol y soledad.

Tiene, sin embargo, el vagabundo un patético halo de suprema y altiva indiferencia. El semblante hirsuto y acartonado, la mirada inexpresiva bajo un raído gorro de lana, el calzado deformado y roto…; todo en él parece evocar la pura imagen de la aniquilación personal.

La escena tuvo lugar, ayer mismo, en la cacereña Avenida de Jerusalén, de tan litúrgica recordación -Belén y Calvario, Natividad y Cruz–.

En plena actuación del vagabundo, pasa un niño de corta edad, de la mano de su abuelo. Ambos se detienen para contemplar la insólita escena. El abuelo se inclina sobre el niño absorto en la danza del extraño personaje y parece explicarle algo en el lenguaje de la infancia. Al rato, ambos se alejan sin que el pequeño deje de volver la cabeza para mirar al hombre de los harapos que baile y bebe de una botella.

De improviso, el niño levanta su manita y con instintiva tristeza, esboza su acostumbrado adiós, esta vez sin recepción ni respuesta. El abuelo menea la cabeza con pesadumbre y siente que una plegaria se le escapa del alma; una plegaria de Pasión impropia de la Navidad; pero nacida para la extraña pasión de aquel hermano que baila su propio calvario…

En la televisión de un bar próximo, los niños de San Ildefonso entonan su cantilena de premios de Navidad.

¿Qué es un ciber-ensayo?

20 de Octubre, 2007 . CiberEnsayos.com. Por Germán Galeano Penis.

Se podría decir que un ciberensayo o ciber-ensayo es un ensayo tradicional adaptado a las peculiaridades de Internet, como los periódicos de papel respecto de los periódicos digitales, como el lector de siempre y el cibernauta de ahora.

Es, pues, un ensayo que tiene un hábitat propio: el ciberespacio de Internet.

¿Pero qué es genuinamente un ensayo, un ensayo de los de siempre?

Para la Real Academia Española es un “escrito, generalmente breve, constituido por pensamientos del autor sobre un tema, sin el aparato ni la extensión que requiere un tratado completo sobre la misma materia.”

“Sin el aparato ni la extensión”…, es decir, con sencillez y brevedad. Si bien estas cualidades son válidas tanto para el ensayo de antaño, remansado en las páginas de una libro o revista reales y tangibles, como para el ciberensayo de ahora, perdido en la abigarrada inmensidad de la red de redes, conviene aligerarlo según las posibilidades intelectuales de cada autor. Para ello, sería aconsejable dotarlo de un estilo ameno y una prosa ágil en la medida de lo posible, pues, no en balde, Internet lleva el nada lento apelativo de autopista, autopista del conocimiento y la información.

El cibernauta no tiene el tiempo del lector antiguo, que apenas podía entretener el tedio de su ocio con algo que no fuera la lectura densa y pausada, las prolijas tertulias de rebotica, la pachorra de los paseos, de tan buen tono social… Por el contrario, la vida moderna está plagada de temas interesantes, reclamos y entretenimientos de todo tipo. Por ejemplo, Internet es por sí mismo todo un  mundo fascinante e insondable con sus luces y sus sombras, como el mundo real mismo. Entre unas cosas y otras, la atención del hipotético lector del ciberensayo se ve solicitada por un amplio abanico de posibilidades de lo más variopintas. De manera que su impaciencia está simbolizada por el dedo inquieto sobre el gatillo del ratón. Un simple clip y la presencia virtual del ciberensayo en la pantalla es reducida automáticamente a la nada absoluta.

¿Pero cómo retener la atención de esta libélula de posada efímera?

Afortunadamente, además de las libélulas, existen otras mentes más capacitadas y gustosas de conocer el reto intelectual de un ciberensayo, cuyo contenido, una vez analizado, pueden aceptar como bueno, interesante o curioso; o rechazarlo total o parcialmente, como un punto de vista no compartido.

Y es que el ensayo, sea publicado en papel o Internet, tiene, por su naturaleza, una orientación especulativa. Es de carácter filosoficoliterario y va dirigido a un público suficientemente cultivado como para tener una cierta capacidad teorizante, independientemente de las consecuencias de las cosas.

El ensayo que ahora le ofrecemos, apreciado lector –así como otros que vendrán después– está escrito para este preciso lugar de Internet y destinado, únicamente, por efecto de la selección natural, a lectores como usted.

Vivir sin políticos

20 de Octubre, 2007 . CiberEnsayos.com. Por Germán Galeano Penis.

El título de este ensayo, tal vez insólito y aventurado, no pretende invocar ninguna teoría radical libertaria. En absoluto. Más bien se trata de una expresión esencialmente desiderativa que pretende sugerir la necesidad vital de evolucionar socialmente hacia una nueva era que deje atrás la degenerada clase política, como se dejaron atrás otras formas de poder ya superadas.

La sociedad del segundo milenio ha entrado en lo que se viene denominando la Era planetaria de las tecnologías, que está suponiendo un cambio sustancial de la vida en todos los órdenes. El motor y el soporte de este trascendente cambio son las nuevas tecnologías, cuya estrella indiscutible es Internet, lo que supone ciertamente una suerte de nuevo amanecer, al menos, en lo que se refiere a las formas de expresión de la voluntad popular. De modo que si el Renacimiento y más tarde la ilustración supusieron un revulsivo radical contra el establishment de la Edad Media en general y de la monarquía absolutista en particular, nuestra omnipresente y eficaz Era planetaria de las tecnologías debería serlo también contra la clase política imperante, de tan desvergonzada y degenerativa trayectoria. Una casta política, por otra parte, a la que con pasmosa excepcionalidad no se le exige ninguna preparación específica ni siquiera una elemental superación de pruebas selectivas, o al menos un sencillo test psicotécnico para alcanzar su generalmente bien retribuido cargo político.

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